La privación del sueño altera las hormonas que regulan el hambre -- aumenta la grelina (hormona que estimula el apetito) y disminuye la leptina (hormona de saciedad). Dormir menos de 7 horas regularmente puede sabotear los esfuerzos de pérdida de peso.
A veces, sin darnos cuenta, desarrollamos hábitos que dificultan superar una meseta:
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Subestimar la ingesta calórica: Los estudios muestran que las personas tienden a subestimar lo que comen entre un 30% y un 50%. Las pequeñas porciones adicionales, las pruebas al cocinar y los "bocadillos saludables" suman.
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Sobrestimar las calorías quemadas en el ejercicio: Los monitores de actividad y las máquinas del gimnasio suelen sobreestimar el gasto calórico. Una caminata de 30 minutos probablemente quema menos de lo que pensamos.
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Reducción del movimiento no estructurado: Cuando empezamos a hacer ejercicio formal, a veces nos movemos menos durante el resto del día -- un fenómeno llamado "compensación". Los pasos diarios espontáneos pueden disminuir.
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Proteína insuficiente: La proteína es esencial para preservar masa muscular durante la pérdida de peso y mantiene la sensación de saciedad por más tiempo.
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Enfoques demasiado restrictivos: Las dietas extremadamente bajas en calorías pueden acelerar la adaptación metabólica y eventualmente llevar a atracones o abandono del plan.